1 feb. 2010

Un instante después

El día había sido largo. La discusión había por fin cesado y el silencio de la ruta de noche me traía algo de calma. Creo que parpadeé dos o tres veces antes de decidir pasarle el auto a Rodrigo y descansar un rato. Me dormí. Soñé que viajábamos en tren. Íbamos callados, pero algo nos urgía. El paisaje avanzaba como imágenes diapositivas a través de las diminutas ventanillas del vagón. El movimiento fragmentado del tren aumentaba la sensación de prisa y angustia. Llegamos a una estación atiborrada de gente. La terminal ferroviaria era un laberinto de pequeños puestos de comidas y chucherías entre los que corríamos como ratas buscando la salida. Un único acceso permitía salir de allí. Pero nadie se atrevía a traspasarlo: desde el otro lado de la calle, una muchedumbre enardecida lanzaba piedras hacia la puerta. El asfalto estaba regado de cuerpos heridos que no eran socorridos por nadie y que seguían siendo atacados por la persistente lluvia de cascotazos. Sin saber qué hacer, observábamos el espectáculo, paralizados. Inesperadamente, tomé impulso y me animé a dar el primer paso bajo la pedrada.
Un sacudón violento me despertó, apenas entreabrí los ojos, vi a Rodrigo, sentado en el asiento del acompañante e inclinado hacia delante, tenía los ojos cerrados y un hilo de sangre le bajaba desde la sien izquierda. Me sentí mareada. Pensé en nuestros hijos durmiendo en su habitación. Llegar donde ellos, esa era la urgencia. Sigo dormida, recuerdo haber pensado. Y cerré los ojos para volver al sueño y terminar de cruzar la calle, continuar nuestro camino.

En medio de la noche vacía, el auto descansó, a un lado de la banquina, hasta que la luz del día lo hizo visible.

6 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

Que bueno! El final està muy logrado, y el desarrollo, mantiene muy bien el ritmo.

Felicitaciones!!

MariaCe dijo...

Caray, muy muy bueno.

Opin dijo...

Un relato muy bien planteado y eficiente.
Gracias por compartirlo

Natalia M. dijo...

Gaucho, MaríaCe, Opin: ¡Muchas gracias! Saludos!

Nicolás Aimetti dijo...

Muy bueno! Lo leí el lunes medio apurado y hoy de nuevo, la relectura me gusto aun más, eso es algo bueno en un cuento.

Natalia M. dijo...

Gracias, Nico, qué bueno que te parezca bueno!