6 jun. 2010

Una cerda

Una cerda

Se hacen los indiferentes y se les nota a la legua cómo desvían la mirada con asco, ¡cómo si fueran tan modositos ellos agarrando las empanadas con una servilleta de papel mientras, por abajo, chorrea la grasa y dejan todo hecho un chiquero! ¡Y todavía me miran como si la cerda fuera yo! Da igual, que piensen lo que quieran. Hace años que me aguanto a todos éstos y a la otra, sobre todo a ella. No veo la hora que llegue y me vea comiendo así. Quizás, hasta tengo suerte y le da un patatús acá nomás. Como la tarde que me sorprendió con Ernesto. Se hacía la dormida la muy turra. Casi revienta. Ojalá se hubiera terminado todo ese día. Treinta Lemon pie me hizo preparar para esta fiesta de mierda, tres días encerrada en la cocina mientras Ernesto se me iba con la Romi. Pobre Ernesto, hace tanto que me espera. Si el viernes le hubiera dicho que sí, quizás ahora estaría acá, conmigo, o mejor aún, estaríamos los dos juntos en otra parte, lejos de esta mugre. Si estuviera papá esto no habría pasado, él habría entendido. Pero ella no. No quiere. Yo me tendría que haber ido con Ernesto, siempre tan bueno conmigo y tan paciente.
La cara que va a poner cuando se dé cuenta que me fui sin ella, cuando me llame para que le alcance la toalla y nadie responda. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que se decida a atravesar la losa helada y buscarla ella misma? ¿Se vestirá primero o me buscará por toda la casa, empapada, salpicando el piso de parquet? Pero, ¿y si no logra subir a la silla? No, no creo. Tiene alma de milico, no se va a quedar tirada y a los gritos. Va a alcanzar la silla y se va a subir. Es capaz de eso y mucho más.
¿Todavía estaré a tiempo con Ernesto? La Romi es para pasar el rato, él me quiere a mí y me quiere bien. Papá hubiese pensado lo mismo. Él también me quería. Si lo voy a buscar y ve que me animé, en una de esas, recapacita y me lleva a Rosario con él. ¿Qué hago acá esperándola? Yo me mando a mudar.
Pero, ¿y si no alcanza la silla? Después de todo es una pobre mujer. ¿Dónde se la habré dejado? Por más que hago memoria, no me acuerdo. Si no tiene un punto firme de donde sostenerse no quizás no pueda…
Esperame, por favor, Ernesto. Esperame un poco más.


Mamushka 

Se hizo tarde y empezamos sin Helena. Ya eran más de las diez y teníamos hambre, sobre todo Griselda. Ni bien nos sentamos se lanzó sobre la panera y la acaparó sin ninguna delicadeza. Hundió los panes, uno a uno, en el chimichurri mientras mirábamos para otro lado porque nos daba vergüenza ajena verla comer así, justamente a ella que era una chica tan recatada. En el barrio, era famosa por su lemon pie, receta casera heredada de su madre. La verdad es que ella y su mamá se parecían bastante, las dos de figura redonda, siempre prolijas y sonrientes como dos muñequitas rusas.
La noche avanzaba y Helena no llegaba, cosa bastante rara porque ella jamás se perdía una comida de la vecinal y, fundamentalmente, porque pocas veces dejaba salir sola a Griselda.
Nieve y heladas era el pronóstico de la radio para las próximas horas. Pero en el salón vecinal el chamamé y el vino tinto elevaban la temperatura hasta volverla sofocante.
Cuando llegó el patrullero, el aire se heló de golpe, desde la ventana vimos que el comisario venía sentado en el asiento trasero junto con Helena que lloraba desconsolada. Descendió solo del vehículo y preguntó si alguien había visto a Griselda esa noche. Todos nos miramos desconcertados, buscándola, entre nosotros. Pero nadie la vio, fue como si se hubiera esfumado. Minutos después supimos por el comisario que alguien había encontrado su cuerpo sin vida, a pocos metros de allí, y que estaban intentando descubrir qué había pasado.
Del chimichurri nadie se atrevió a decir una palabra, no por espanto sino por pudor: a todos nos pareció justo brindarle ese último y, quizás, único momento de libertad a la pobre Griselda.

2 comentarios:

El Gaucho Santillán dijo...

Pero que bien escrito.

La primera parte, se me hizo muy real.

Aborrecès a alguien, pero lo seguìs cuidando.

Un lujo. Te dejo un abrazo.

Nicolás Aimetti dijo...

Ja! Muy bueno, la otra parte del primero que publicaste. Me encantó!