10 sept. 2010

Pitufa

Recuerdo bien el día en que trajeron a Pitufa. Estábamos merendando y de repente mamá nos indicó que mirásemos hacia abajo. Allí estaba ella: una bolita de pelo negro enrollada sobre sí, debajo de la mesa de la cocina. Naturalmente, me asusté a pesar del entusiasmo de toda la familia. Era una cachorra de dos meses pero ya tenía el porte de un animal grandote, de contextura fuerte y ojos bonachones. Enseguida se ganó mi confianza, sin embargo, nunca me animé a cargarla.
Años más tarde, encontrándome yo muy lejos, me enteraba de la muerte de Pitufa por una carta de mamá, simple y desgarradora, como son esos grandes dolores hundidos en lo cotidiano.

7 comentarios:

Natalia M. dijo...

me dio nostalgia tener tan abandonado el blog... una polaroid nomás.

MariaCe dijo...

Pero! Ya me había enganchado con la historia. Más que polaroid fue un... interruptus :P

Dele, pase más seguido.

Cariños!

El Gaucho Santillán dijo...

Èse es el problema de las mascotas.

Se mueren.

Yo tengo un cementerio, por allà atràs, en el parque.

Me da una pena, cada vez que recuerdo a uno.

en fin, es lo que hay.

un abrazo.

OPin dijo...

Mire que las Polaroid salen más rápido eh?
¿Y si usa una digital? Nosotros contentos de poder leerla una vez más.
Cariños.

vane dijo...

que genia pitufa!!!!!!la queremos!!!

Motora dijo...

que linda polaroid!
yo tenía una que se llamaba Pitufina pero no era negra sino onda Berugo Carámbula, mezcla de pelos negros y blancos, más blancos que negros. hermosa.

Natalia M. dijo...

gracias por las visitas y los comentarios amigos! prometo pasar más a menudo!