24 abr. 2010

Antes del mediodía

Me acomodaba, antes de las doce,
en el centro del patio.
Frente a mí, la cocina de la abuela,
justo arriba, la de mamá.
Las dos con sus radios
y sus aromas de media mañana.

Desde allí
preguntaba a una
y después a la otra
qué había para almorzar.
Respondían ambas
siempre algo diferente entre sí.
Entonces yo elegía
como todos los días.

De mi abuela guardo pocos recuerdos
excepto esas comidas a mediodía.  
De esos días de conventillo
llevo impregnados los olores entrañables
y el sabor de las elecciones sencillas.